viernes, 11 de septiembre de 2009

Indigencia

Se que cuando estoy frente a una gran alegría, siento ese extraño vació en mi estomago, en mi corazón. Pasa igual con el amor; pero hoy ese vació llego a mí por la tristeza. Tal vez sea ya trillado hablar de la indigencia, los niños de la calle y todo lo demás, pero he encontrado este espacio gracias a una bella maquiavélica, para poder plasmar todss mis ideas, vivencias, sentimientos y más…
Violentamente el indigente que duerme sobre los respiraderos del metro, lanza un objeto que cruza la avenida intercomunal y va a parar en la acera de enfrente, bajo los toldos del pequeño mercado, a las 10 de la noche. Rápidamente salen corriendo 3 guardias nacionales desde la izquierda, dos de ellos se dirigen hacia los toldos y él otro cruza la calle, ve al indigente que hace movimientos desarticulados y lo empuja, lo apunta con su fúsil, lo sigue empujando, amaga para patearlo y el indigente se pone de cuclillas contra la pared del respiradero, el guardia sube al respiradero y registra pero no encuentra nada, de repente llega otro indigente al que también el guardia empuja y ordena agacharse junto al primer indigente. Como me duele esta situación, el pensar que no tienen donde vivir, la constante zozobra del sobrevivir que siento mía también. De repente él guardia voltea y a patadas ordena cruzar la calle a los indigente que salen corriendo y se detienen debajo los toldos y mí indignación e impotencia se que se las llevará el tiempo sin ninguna consecuencia, que mierda me siento al ejercer mí profesión que es un sin sentido frente a lo que veo. En un parpadear veo correr en distintas direcciones a tres personas, eran los dos indigentes y un niño de aproximadamente 12 años, que corre hacia mi, él primer indigente regresa al respiradero y otra vez el guardia lo sigue y con más violencia lo empuja y lo corretea por toda la avenida hasta perderse por una esquina. Las personas que salen del metro en dirección a sus casas caminan sin la menor perturbación y unos chamos que sentados en un estacionamiento frente a la venida solo cuentan chistes y escuchan su jodido regueton sin pestañear frente a toda esta desgracia. El niño que merodea unos arbustos cercanos a los respiraderos del metro, parece esperar al indigente que habían correteado hace unos minutos por la avenida ya parece regresar por el mismo camino, al llegar empieza a empujar al niño como culpando por lo sucedido y todo es un circulo vicioso de agresión y miseria que como quisiera parar, que me produce una gran tristeza, que me dan ganas de llorar, es la angustia y desesperanza de mí clase.

1 comentario:

  1. mi amorrrrrrr, q lindo escribes y graciasssssssssss por escribir¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡no dejes tu blog, además es una terapia para sacar todo lo q no incomoda asi como lo q comentas hoy¡¡¡ esa escena q me cuentas uhh casi diario se ve aqui en el Df pense q era wl único país ahora lyendote digo calmateeee es algo mundial y nadie hace nada¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    besos

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